





Despertando al artista en cada trabajador


Después de más de treinta años de trabajar como consultores
en los procesos de las personas dentro de la vida empresarial, los autores
han acumulado un acervo de experiencias y vivencias que no podían
quedar sólo en la memoria de la computadora.
Por otra parte, el hombre y la mujer actuales han llegado a un punto tal
en el ritmo de vida, que requieren hacer un alto para retomar conciencia
de su identidad profunda.
Las empresas e instituciones, de múltiples formas han sentido y
manifestado esa inquietud por pulir los rebordes que por una u otra razón,
han marcado límites entre la forma de trabajar y la forma de vivir,
llevando esta dicotomía desde la acción cotidiana hasta la
concepción misma de la existencia.
Teniendo estos hechos a la vista, un día vino al corazón
y a la mente de los autores la urgencia de poner en un libro algo de esa
experiencia sustanciosa.
Este libro es el primer resultado de la conjunción de estas circunstancias. No agota, desde luego el tema; al contrario, cada palabra contenida pide la acción del lector.
Los seres rotos son aquellos cuyo deseo es tan grande que no aceptan el
límite del aquí y el ahora; su deseo sobrepasa lo que el mundo
puede darles; aunque tienen las necesidades básicas más que
resueltas, no obtienen la paz. Los seres quebrados están, de entrada,
emocionalmente ávidos, y, al final, espiritualmente vacíos
porque se vuelcan sobre sí mismos, ahogándose en la soledad
de su propio reflejo. La apertura no es lo suyo: no pueden.
Retrata el drama de una clase social que vive cruzada por ideales de Occidente,
por modos de vida elitistas, pero que se encarna en un país con otras
culturas, que, de alguna manera, Fulgencio representa. Este submundo mexicano
muestra su asombro ante la realidad de los otros: Raymundo no puede dejar
de manifestar su pena ante el anciano chofer de taxi que, tras trabajar
toda la noche, gana apenas unos pesos.
Adentrados en un mundo de rupturas, internas y externas, individuales y sociales, existenciales y espirituales por Andere, muchos de aquellos que están rotos, se reconocerán y dirán: no estoy solo, quizás hay esperanza: la de encontrarse en la mirada del otro y desde ahí poder recomenzar.
